Los defensores de las corrientes de izquierda a menudo se aferran al concepto de propiedad privada, relacionándolo con las ideas de distribución desigual de la riqueza, de la injusticia social y la explotación de unos individuos por otros.
Con ello pretenden dejar por sentado que, una vez erradicada la propiedad privada, con ello automáticamente desaparece la explotación y se establece la justicia social.
Intento aquí apartarme de esta visión y establecer un enfoque más objetivo de la realidad.
Para ello comenzamos por analizar qué proporciona la propiedad privada, es decir, qué significa que un individuo posea la propiedad sobre un bien determinado.
En primer lugar, la propiedad fija un derecho del individuo sobre el bien, es decir, un acto jurídico previo adjudica al individuo el derecho de disponer del bien a su conveniencia.
En fin, esto significa que el individuo posee poder de decisión sobre el bien.
Esta capacidad del individuo de ejercer su poder de decisión sobre determinados bienes es la que objetivamente otorga al individuo su mayor o menor libertad de acción en el marco de una sociedad.
Esta propiedad individual de poder de acción va a determinar el comportamiento del individuo dentro del conjunto de todos los individuos que forman la población de la sociedad. Va a establecer, al final, su posición social.
Es la causa en última instancia de la desigualdad social.
En una sociedad donde prevalece la propiedad privada, su concentración en las manos de una clase de individuos equivale a la concentración de poder de acción sobre los bienes en la misma clase, es decir, la propiedad privada sobre los bienes y el poder de acción sobre los mismos van de la mano.
Es la propiedad privada, fijada por derecho, la que juega el papel rector en dicho poder de decisión individual.
Pero no es el único factor.
Otros muchos factores como pueden ser aquellos de índole cultural, política, legal, de posición de fuerza o autoridad, etc. influyen en el poder de acción del individuo.
A pesar de ello, del papel rector de la propiedad privada se deriva la exagerada atención de las mencionadas corrientes sobre el concepto de propiedad privada. No es de extrañar según lo expuesto hasta aquí.
Ahora bien, la ausencia de la propiedad privada como condición predominante en una sociedad diluye el papel rector de la misma sobre la capacidad de acción del individuo, pero el propio poder de decisión sobre los bienes no desaparece. Por el contrario, la experiencia práctica demuestra que este poder de decisión se concentra extraordinariamente en unos pocos individuos.
No existe, sin embargo, ninguna garantía de que estos individuos utilicen este poder de acción en beneficio de toda la sociedad. De hecho, la experiencia práctica demuestra que estos individuos se erigen en una casta con capacidad de decisión prácticamente ilimitada y que ejercen en beneficio propio.
Esto independientemente de la ausencia de un derecho de propiedad sobre los bienes fijado por ley.
Es este poder de acción de esta casta la que en definitivas reafirma una y otra vez su posición social, puesto que ella con sus acciones, en la ejecución de las cuales tienen pleno poder, cimienta continuamente y perpetúa su poder.
Una de los propósitos en que pone mucho esmero esta casta, utilizando para ello plenamente su poder de decisión, consiste en montar un estado de opinión favorable al estatus quo establecido.
El poder de decisión se dirige también a favorecer con distintos beneficios a las diferentes capas sociales que se muestran más activas en la reafirmación de dichas “teorías de justicia”.
Por el contrario, distintos métodos represivos derivados de dicho poder de decisión se suman para mantener neutralizados y sometidos a aquellos que de una forma u otra se oponen al status quo.
Esto pretendió ser una breve incursión a este mecanismo de poder, desvinculado de la ausencia de propiedad privada, pero también de cualquier principio de justicia social, que es solo promulgado y mantenido por el mismo mecanismo con el propósito de enmascarar y proteger su verdadera posición de privilegio y la inherente desigualdad e injusticia social.