02 Definición de bien
Acotaremos ahora el concepto del término bien como se entiende en este estudio, partiendo de qué no consideramos un bien.
La vida humana se desarrolla bajo una serie de condiciones básicas imprescindibles, condiciones materiales externas propias del medio como son, por ejemplo, la luz solar que ilumina y calienta, el aire respirable, el suelo como superficie de apoyo.
Normalmente estos elementos se encuentran en abundancia tal que los individuos no tienen necesidad de dedicar tiempo y esfuerzo significativos para su consecución, quedando lejos de plantearse la necesidad de su creación. Son tomados directamente de la naturaleza sin ningún esfuerzo considerable, de una manera prácticamente inconsciente.
La utilidad de estos elementos es considerada trivial en el marco del presente estudio y por lo tanto no se tratan como bienes.
El conocimiento sobre el medio, como resultado de un proceso de interacción de los individuos con este, se amplía y profundiza a lo largo del tiempo. En un estudio retrospectivo se observa que muchas utilidades, aunque sus elementos contenedores coexisten con la sociedad en un momento dado, no han sido descubiertas o estudiadas profundamente en ese mismo instante, por lo que no encuentran aún al servicio de la sociedad.
Estos elementos, cuya utilidad no es reconocida por la sociedad en un momento dado, tampoco se consideran bienes.
Después de excluir de la definición de bien los dos tipos de entidades mencionados, llegamos a la siguiente definición provisional:
Un bien es toda aquella entidad contenedora de utilidades no triviales y reconocidas por la sociedad.
Los contenedores de utilidades reconocidas por la sociedad, independientemente de si se han establecido con exactitud las cantidades en que existen, pero con respecto a los cuales no se ha iniciado ningún proceso encaminado a ponerlos al servicio de la sociedad, son solo bienes potenciales. Son aquellas entidades potencialmente útiles aunque aún en su estado natural, tal como se encuentran en el medio sin la intervención de los individuos, como por ejemplo, los minerales sin explotar, los bosques salvajes, los frutos del mar sin extraer, es decir los denominados recursos naturales.
A diferencia de los bienes potenciales, los contenedores de utilidades sobre los cuales ya se ha empleado el esfuerzo de los individuos, son bienes reales. Su materialidad es manifestación de la acción transformadora de dicho esfuerzo.
De esta manera los contenedores de utilidades, en dependencia de si se encuentran antes o después del momento de su incorporación al proceso de su transformación por medio del esfuerzo de los individuos con el objetivo de acondicionarlos para su uso final al servicio de la sociedad, se subdividen en bienes potenciales y bienes reales.
Los bienes potenciales se excluyen en un principio de la definición de bienes en este estudio. Los bienes reales se denominarán a partir de aquí propiamente bienes.
Así concretamos, finalmente, la definición que se busca establecer:
Un bien es toda aquella entidad contenedora de utilidades no triviales, reconocidas por la sociedad y sobre los cuales se ha ejercido el esfuerzo de los individuos.
Las relaciones de propiedad tienden a ampliar esta definición de bien, incluyendo a los recursos naturales independientemente de si se ha empleado o no algún esfuerzo humano para ponerlos en movimiento hacia su servicio a la sociedad. El ejemplo más evidente es la tierra.Se puede argumentar que un estudio de exploración, por ejemplo, para conocer la cantidad de minerales en el subsuelo, ya es una inversión de esfuerzo humano sobre esos minerales, lo que implicaría su consideración como bien real. Sin embargo, aquí estamos ante un segundo bien real contenedor de utilidad – el propio estudio, mientras los minerales siguen siendo un bien solo potencial.
Aquellos bienes que todavía no han salido del proceso de su transformación para acondicionarlos a la prestación de sus reconocidas utilidades, o sea, aún se encuentran en el proceso de su producción, son bienes incompletos.
Aquellos a los cuales se han incorporado todas las características que garantizan la prestación de sus utilidades, encontrándose ya fuera del proceso de su producción, son bienes completos o terminados.
Para establecer si un bien se encuentra en un estado terminado hay que tomar como referencia su propio proceso de producción y esclarecer si éste ha llegado a su fin. Por ejemplo, una chapa de acero que ha salido de una acería es un bien terminado con respecto a su fabricación en dicha planta, se le han incorporado todas sus características necesarias para su posterior uso en otros procesos en que se realizará su consumo, digamos, para la construcción de una locomotora. En la fábrica de locomotoras la chapa es un bien en uso, la locomotora en construcción un bien incompleto.
Una parte de los bienes terminados no se encuentra aún realizando sus utilidades, es decir no han comenzado a ser consumidos, están transportándose o almacenados a la espera de definirse o realizarse su consumidor. Esta etapa de su existencia constituye la esfera de distribución de los bienes.
Hasta el mismo instante en que el bien comienza a ser consumido, es decir empieza su utilización en la prestación de servicios a los individuos, es solo bien potencial. Su potencialidad aumenta con la realización sobre él de trabajo humano y alcanza su máxima expresión al incorporarse al proceso de consumo. A partir de este momento, con el uso y desgaste, esta potencialidad va a disminuir.
Puede darse el caso, y esto son ejemplos de una gestión económica ineficiente, en que los bienes no llegan a realizar ninguna o parte de dicha potencialidad, convirtiéndose incluso en una potencialidad negativa. Por ejemplo, una obra o construcción que no entra en el proceso de consumo y queda abandonada en medio de su creación, o incluso estando ya completa, puede resultar en un estorbo a la sociedad para deshacerse del cual se hace necesario invertir nuevo esfuerzo.
La otra parte de los bienes terminados se encuentra realizando sus funciones útiles a los individuos, han pasado a la última esfera de su existencia, a la esfera de su consumo como bien. Son bienes en uso.
Una vez completado el bien cabe distinguir en qué ámbito se va a realizar su consumo.
Unos quedan dentro de la esfera de producción para realizar en ella el papel de medios de producción en procesos de elaboración de otros bienes.
Los medios de producción a su vez, como se analiza en detalle más adelante, se subdividen en objetos de trabajo y en medios de trabajo según la forma en que participan en el proceso de producción.
El resto de bienes pasa a ser consumido directamente por los individuos, realizando su función propiamente en la esfera del consumo humano. Son los bienes de consumo.
Los bienes destinados al consumo humano directo a veces son referidos como medios de consumo. Sin profundizar demasiado en las diferencias en términos lingüísticos, en adelante se utilizará fundamentalmente el primer término – bienes de consumo.
En el presente estudio se considera de gran relevancia la diferenciación de los bienes que resulta de la esfera de su utilización y de donde se deriva su división en medios de consumo y medios de producción.
Ciertos mecanismos económicos hacen indiferente cual es la verdadera esfera de consumo del bien, mostrándolo transfigurado, sin que se aprecie como un objeto que va a realizar una función determinada dentro de un proceso de consumo, sino como un objeto con otra función dentro de esos mecanismos. Ocurre la enajenación del objeto, a la vista de los individuos, de su función verdadera y natural al servicio de los miembros de la sociedad. Por ejemplo, a un individuo que posee en propiedad un proceso de producción de, digamos, puertas, le es indiferente si ésta va a instalarse en una edificación para formar parte de un bien de consumo (vivienda) o de un medio de producción como, por ejemplo, de una oficina. El individuo estará interesado solo en el beneficio que obtendrá de la venta de la puerta. Es más, no solo le es indiferente en qué esfera se utilizará su puerta, sino de su verdadera utilidad como puerta. Le interesa su utilidad (valor de uso) solo en la medida en que es una condición indispensable que le exige el resto de la sociedad (o parte de ella, específicamente los potenciales compradores) para poder materializar el beneficio que de ella obtendrá.
La esfera de uso del bien puede influir notablemente en su proceso de distribución.
Los bienes de consumo directo se distribuyen normalmente en grandes cantidades y de una manera bastante uniforme debido al gran número de sus consumidores, de manera que, mientras más básicas son las necesidades individuales que cubren estos bienes, mayor manifiesta esta propiedad de su proceso de distribución.
Las utilidades específicas de los bienes definen con un elevado grado de detalle un sistema de clasificación de bienes.
Una subdivisión de relevancia para la economía se desprende de la forma material en que se presentan los bienes, agrupándose en bienes tangibles y bienes intangibles. Los bienes intangibles suelen hacer su aparición en forma de servicios.
Las especificidades que distinguen los servicios de los demás bienes serán estudiadas más adelante.
El propio conocimiento sobre el medio es un bien intangible.
Estas, sin pretensión de exhaustividad, son las principales clases de bienes desde los aspectos que más interesan para el presente estudio.