Primera parte – sobre los bienes
La primera parte arranca con la introducción(I-01) del concepto de bien tal como se entiende en el contexto de la investigación, acotándolo luego, con su definición,(I-02) como objeto de estudio, pieza clave del modelo a desarrollar.
Continua con una breve incursión a la psicología de la percepción(I-03) por parte de los individuos de dichos bienes, que tienden a inundar el entorno de desenvolvimiento de la actividad humana y a conformarlo en su aparición habitual.
También nos adentramos ligeramente en el campo de las relaciones(I-04) que se establecen entre los individuos –que forman sociedad–, destacando aquellas relaciones que interesan dado el objeto de estudio, es decir, las originadas y desarrolladas durante el proceso de producción y consumo de los bienes.
Y vemos, desde un principio, como los bienes representan una ligazón(I-05) ineludible de los individuos al medio natural que se hace patente con tal fuerza que llega a diluir, si nos enfocamos desde un alto nivel de abstracción, las relaciones dentro de la sociedad.
Centrándonos en la funciones(I-06) de utilidad de los bienes al servicio de la sociedad vemos cómo éstas permiten caracterizarlos y formar categorías.
Dada la extensión en su número y diversidad de dichas funciones se ha cuestionado por ciertos economistas la posibilidad del establecimiento de un sistema de clasificación de bienes. Debido a ello he considerado necesario tocar ligeramente el tema sobre el fundamento(I-07) del establecimiento de dicho sistema, y en su base, de una valoración cuantitativa del conjunto de bienes.
Finalmente, en esta parte se comienza a destacar, dentro del conjunto de todos los bienes, el papel de un bien muy especial: la fuerza de trabajo. Se señala el esfuerzo(I-08) humano como ingrediente fundamental y necesario para la creación de cualquier bien, y se muestra cómo este se ve involucrado en dicho proceso(I-09) creativo –el proceso de producción de bienes–, para quedar como resultado cristalizado en ellos como una esencia: el valor(I-10) de los bienes.
También mencionamos aquí cómo este valor, esfuerzo humano cristalizado en bienes, puede ser transferido(I-11) a otros bienes, esto es, específicamente cuando un bien actúa como medio de producción.
Cierra esta parte redundando en el carácter especial del esfuerzo humano como bien en su papel como creador de otros bienes, en contraposición(I-12) a los medios de producción, que también participan necesariamente en dicho proceso creativo. Se destaca el hecho de que inevitablemente, al realizar esta función, se requiere un gasto irrecuperable de tiempo personal –recuperable solamente en otra forma, es decir, con el aprovechamiento de las funciones útiles de los nuevos bienes creados–, una forma distinta a la del gasto de tiempo dedicado al ocio, que requiere, contrariamente a un papel creador, el concurso de bienes que se destruyen en el consumo.