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Economía

  • Interpretación de la matriz estructural de producción

    Voy a ofrecer una interpretación de la relación fundamental del valor de los bienes en función del trabajo invertido en ellos, tal como se expresa matricialmente en mi trabajo.

    Esta publicación tiene un carácter puramente teórico y no busca vincularse con ninguna corriente o tendencia del convulso mundo contemporáneo. Es una exposición de hechos observables sobre los que he intentado proyectar una mirada profunda y objetiva.

    Se trata, esencialmente, de una propuesta de representación matemática moderna de la teoría del valor de Marx.

    El elemento central de la teoría económica de Karl Marx es el trabajo humano como fuente de creación de valor y como esencia misma del valor condensado en los bienes.

    Aquí expreso el origen del valor de forma sintetizada, haciendo uso de las posibilidades que brinda el álgebra lineal.

    Marx desarrolló su teoría económica aplicada al capitalismo naciente y, por tanto, su mirada estaba centrada en la expresión del valor de los bienes dentro de esas condiciones históricas concretas.

    Sin embargo, ello no impide concebir el valor como una realidad más atemporal y fundamental. Aunque existan manifestaciones específicas en el marco de un modo de producción determinado o de una civilización dada, en este trabajo busco una esencia más universal del valor, que se mantiene a lo largo de las distintas etapas del desarrollo de las civilizaciones.

    Mi propósito se alcanzaría si, en lugar de diluir las especificidades de la manifestación del valor en una sociedad determinada, contribuyera, por el contrario, a explicar y comprender mejor la estructura y el devenir de dicha sociedad, así como a interpretar esas manifestaciones en armonía con la esencia invariable del fenómeno.

    Parto aquí de la expresión matricial del valor de los bienes:

    $\pmb{\tau} = \pmb{St}$

    donde:

    • $\pmb{\tau}$ es el vector de los valores de los bienes.
    • $\pmb{t}$ es el vector del trabajo presente (trabajo vivo) que es necesario ejecutar para crear una unidad de un bien.
    • $\pmb{S}$ es la matriz estructural de la producción.

    Su denominación como matriz estructural se debe a que actúa como una función que procesa la entrada del sistema —el vector $\pmb{t}$— y la transforma en el vector $\pmb{\tau}$. Constituye, por tanto, una caracterización de la estructura técnica del sistema de producción, cuya manifestación se refleja en la magnitud final que adopta el vector $\pmb{\tau}$.

    Esta estructura interna de la maquinaria creadora de valor constituye precisamente su segundo componente imprescindible: la manifestación de las fuerzas de la naturaleza tal como han sido asimiladas por la sociedad en un momento determinado de su desarrollo histórico y puestas a su servicio en forma de medios de producción de los bienes con los que satisface sus necesidades.

    Si consideramos, desde una interpretación geométrica, que $ \pmb{t}$ define un espacio vectorial de tiempos de trabajo presentes asociados a los bienes, entonces $\pmb{S}$ representa una transformación lineal desde el espacio de los tiempos presentes hacia el espacio de los tiempos totales, equivalentes, por definición, al valor de los bienes.

    Profundizaré entonces en el sentido de esta transformación.

    La matriz estructural $\pmb{S}$ tiene una relación directa con la matriz de coeficientes técnicos $\pmb{N}$. En economía, esta última matriz recibe el nombre de matriz de Leontief.

    $\pmb{S}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}$

    El orden de dimensión tanto de $\pmb{S}$ como de $\pmb{N}$ corresponde a la cantidad de tipos de bienes, $g$, en que se descomponen los bienes según una clasificación adoptada para ellos.

    Habitualmente $\pmb{N}$ se presenta como el conjunto de las cantidades del producto de cada sector de la producción que entran como insumos necesarios en los demás sectores para así desarrollar sus respectivos procesos productivos.

    En mi investigación, la matriz $\pmb{N}$ se construye a partir de filas —una por cada bien— de coeficientes técnicos, o, como prefiero denominarlos, coeficientes de participación, que corresponden, en sus respectivas columnas, a los bienes en su papel de medios de producción. En la forma más general de ambas matrices, se asume que todo bien puede desempeñar, en un momento determinado, el papel de medio de producción o, como se le conoce comúnmente, de insumo.

    Destaco el carácter individualizado del desglose de factores de producción, pues me refiero a bienes en lugar de sectores. Esto no impide desplazar los límites de clasificación de los bienes hacia cotas más agregadas o, por el contrario, hacia un mayor grado de detalle, en función del objetivo del estudio.

    Un aspecto crucial de este trabajo es que los bienes se comparan entre sí en función de la cantidad de trabajo que contienen. Esto permite expresar las cantidades de bienes no en magnitudes monetarias, sino en términos de una magnitud tangible y mucho más vinculada a su base material: el trabajo.

    Las fuentes de la ciencia económica contemporánea, al relacionar comúnmente el trabajo de Wassily Leontief con el análisis de los procesos de insumo-producto, han insinuado en ocasiones una relación con la teoría del valor de Karl Marx, pero no parece haberse desarrollado plenamente una teoría del valor en la forma matricial aquí presentada.

    Una cita del propio Leontief parece dejar clara su posición: “La teoría económica busca explicar los aspectos materiales y el funcionamiento de nuestra sociedad en términos de interacciones entre variables tales como la oferta y la demanda, o los salarios y los precios.”1 (Leontief, 1986).

    No parece contemplarse aquí el trabajo como fuente creadora de valor, sino, acaso, únicamente como un insumo más. Esto resulta característico de la teoría económica no marxista, que analiza los procesos económicos desde una perspectiva funcional y práctica, sin profundizar en la esencia del valor. En realidad, no ha necesitado hacerlo, y debe reconocerse que ha contribuido de manera muy exitosa al desarrollo industrial.

    Al volver nuestra mirada a la matriz estructural, vemos que su representación —que involucra la inversa de la suma de dos matrices— ofrece escasos elementos para interpretar el sentido de su estructura.

    La situación es mucho más favorable para una interpretación de la relación anterior si la representamos como una descomposición que nos ofrece el álgebra lineal2:

    $\pmb{S}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}=\pmb{I}+\pmb{N}+\pmb{N}^2+\pmb{N}^3\cdots$

    La serie con las potencias de una matriz se conoce por serie de Neumann y es una versión matricial de la serie geométrica $1+n+n^2+\cdots$

    Más adelantes volveremos a las condiciones en que esta de serie converge, lo que es equivalente a la existencia de la inversa de $\pmb{I} – \pmb{N}$ y, a su vez, de la existencia de la matriz estructural $\pmb{S}$.

    Recordemos la expresión matricial del valor de los bienes, considerando ahora la descomposición de la matriz estructural:

    $\pmb{\tau}=\pmb{S}\pmb{t}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}\pmb{t}=(\pmb{I}+\pmb{N}+\pmb{N}^2+\pmb{N}^3\cdots)\pmb{t}$

    Aplicando la propiedad distributiva para matrices tenemos:

    $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{t}+\pmb{N}^2\pmb{t}+\pmb{N}^3\pmb{t}\cdots$

    Si esta suma converge estamos ante sucesivas aproximaciones del valor de los bienes.

    Esta sucesión parte del trabajo vivo aportado directamente a los bienes, es decir la primera aproximación al vector de valores de los bienes es el vector de trabajo vivo:

    $\pmb{\tau}\approx\pmb{t}$

    A partir de aquí voy a presentar dos maneras en que esta sucesión nos acerca a los valores de los bienes.

    Desglose del sistema para un bien determinado.

    Para un bien $i$ su valor en la primera aproximación sería:

    $\tau_i\approx t_i$

    El siguiente término de la aproximación —dentro de $ \pmb{N}\pmb{t}$— se obtiene del producto escalar del vector fila $i$ de la matriz $\pmb{N}$ y el vector $\pmb{t}$. Esta cantidad corresponde ahora al trabajo vivo de las partes de una unidad de los medios de producción que participan directamente, es decir, de manera presencial, en la elaboración del bien $i$.

    $\tau_i\approx t_i + n_{i1} t_1 + n_{i2} t_2 + \cdots + n_{ij} t_j + \cdots + n_{ig} t_g$

    Cada término $n_{ij}$ representa porciones materiales del medio de producción $j$ que se «transfieren» al bien $i$ en su proceso de producción.

    Esto constituye la segunda aproximación de $\tau_i$. Sería su valor definitivo si en cada término $n_{ij}t_j$ figurara el valor total de las partes transferidas, es decir, si tuviésemos $\tau_j$ en lugar de $t_j$. En otras palabras, estos términos aparecen aún en su primera aproximación.

    Para buscar la tercera aproximación de $\tau_i$, tendríamos que expresar cada porción de valor $n_{ij}\tau_j$ de los medios de producción en su segunda aproximación:

    $n_{ij}\tau_j \approx n_{ij}( t_j + n_{j1} t_1 + n_{j2} t_2 + \cdots + n_{ji} t_i + \cdots + n_{jg} t_g)$

    Si sustituimos cada uno de los términos $n_{ij}t_j$ de la expresión correspondiente a la primera aproximación de $\tau_i$ por su segunda aproximación, obtenemos:

    $\tau_i\approx \\ t_i + \\ n_{i1}( t_1 + n_{11} t_1 + n_{12} t_2 + \cdots + n_{1i} t_i + \cdots + n_{1g} t_g) + \\ n_{i2}( t_2 + n_{21} t_1 + n_{22} t_2 + \cdots + n_{2i} t_i + \cdots + n_{2g} t_g) + \\ \cdots + \\ n_{ii}( t_i + n_{i1} t_1 + n_{i2} t_2 + \cdots + n_{ii} t_i + \cdots + n_{ig} t_g) + \\ \cdots + \\ n_{ig}( t_g + n_{g1} t_1 + n_{g2} t_2 + \cdots + n_{gi} t_i + \cdots + n_{gg} t_g)$

    Reagrupando términos podemos segregar la parte que corresponde a la segunda aproximación de la tercera:

    $\tau_i\approx t_i + n_{i1} t_1 + n_{i2} t_2 + \cdots + n_{ii} t_i + \cdots + n_{ig} t_g + \\ n_{i1}(n_{11} t_1 + n_{12} t_2 + \cdots + n_{1i} t_i + \cdots + n_{1g} t_g) + \\ n_{i2}(n_{21} t_1 + n_{22} t_2 + \cdots + n_{2i} t_i + \cdots + n_{2g} t_g) + \\ \cdots + \\ n_{ii}(n_{i1} t_1 + n_{i2} t_2 + \cdots + n_{ii} t_i + \cdots + n_{ig} t_g) + \\ \cdots + \\ n_{ig}(n_{g1} t_1 + n_{g2} t_2 + \cdots + n_{gi} t_i + \cdots + n_{gg} t_g)$

    Si también reagrupamos los términos que corresponden a cada uno de los elementos del vector $\pmb{t}$:

    $\tau_i\approx t_i + n_{i1} t_1 + n_{i2} t_2 + \cdots + n_{ii} t_i + \cdots + n_{ig} t_g + \\ (n_{i1}n_{11} + n_{i2}n_{21} + \cdots + n_{ii}n_{i1} + \cdots + n_{ig}n_{g1})t_1 + \\ (n_{i1}n_{12} + n_{i2}n_{22} + \cdots + n_{ii}n_{i2} + \cdots + n_{ig}n_{g2})t_2 + \\ \cdots + \\ (n_{i1}n_{1i} + n_{i2}n_{2i} + \cdots + n_{ii}n_{ii} + \cdots + n_{ig}n_{gi})t_i + \\ \cdots + \\ (n_{i1}n_{1g} + n_{i2}n_{2g} + \cdots + n_{ii}n_{ig} + \cdots + n_{ig}n_{gg})t_g$

    Se puede observar que las sumas entre paréntesis representan los elementos de la fila $i$ de la matriz $\pmb{N}$ multiplicada por sí misma, es decir, de $\pmb{N}^2$.

    Así estaríamos ante el segundo término de aproximación de $\tau_i$, que ahora corresponde a las transferencias de trabajo vivo de los medios de producción de segundo orden, es decir, de aquellos que participaron en la elaboración de los medios de producción directos del bien $i$, y están contenidos en $\pmb{N}^2\pmb{t}$

    Este proceso, extendido indefinidamente, arrojaría, si converge, el valor exacto de $\tau_i$.

    Evidentemente, continuar con el método anterior resulta innecesariamente arduo, ya que existe una forma más sencilla de tratarlo.

    Forma vectorial

    De nuevo partimos de la fórmula del valor de los bienes:

    $\pmb{\tau}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}\pmb{t}$

    Multiplicamos ambos lados por $\pmb{I}-\pmb{N}$:

    $(\pmb{I}-\pmb{N})\pmb{\tau}=(\pmb{I}-\pmb{N})(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}\pmb{t}$

    Distribuyendo por el lado izquierdo y efectuando el producto de matrices por el derecho, obtenemos:

    $\pmb{\tau}-\pmb{N}\pmb{\tau}=\pmb{t}$

    Ahora, sumando $ \pmb{N}\pmb{\tau}$ a ambos lados, llegamos finalmente a:

    $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{\tau}$

    El vector $\pmb{\tau}$, que representa los tiempos totales o valores de los bienes, aparece ahora en ambos lados de la ecuación.

    En principio, estas dos apariciones no son idénticas en su significado económico: el vector del lado izquierdo representa el valor de los bienes producidos en el presente, mientras que el del lado derecho corresponde al valor de los bienes que intervienen en la producción actual como medios de producción y que, por tanto, fueron elaborados en ciclos productivos anteriores.

    Las condiciones de producción pueden haber cambiado entre ambos momentos, de modo que estas dos apariciones del vector $\pmb{\tau}$ podrían, en rigor, representar magnitudes distintas.

    Aquí aplicamos un principio fundamental de la economía: considerar el valor de los bienes, independientemente del momento en que hayan sido producidos, según las condiciones técnicas de producción vigentes en el presente. A esto lo llamaremos principio de actualización del valor de los bienes3.

    Teniendo en cuenta este principio podemos tomar $\pmb{\tau}$ de ambos lados como la misma magnitud, por lo que sustituimos su representante a la derecha por el desglose del mismo lado:

    $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}(\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{\tau})$

    Distribuyendo por la derecha:

    $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{t}+\pmb{N}^2\pmb{\tau}$

    Si repetimos el proceso consecutivamente $k$ veces obtenemos:

    $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{t}+\pmb{N}^2\pmb{t}+\pmb{N}^3\pmb{t}\cdots+\pmb{N}^k\pmb{\tau}$

    La condición de convergencia es equivalente a la extinción del último término, que contiene $\pmb{\tau}$, es decir si

    $\lim_{k \to \infty}\pmb{N}^k\pmb{\tau}=\pmb{0}$

    Como $\pmb{\tau}$ no es el vector cero por definición, esta condición es equivalente a que todos los elementos de la potencia $k$ de la matriz $\pmb{N}$ tiendan a cero cuando $k$ tiende al infinito.

    $\lim_{k \to \infty}\pmb{N}^k=\pmb{0}$

    Así vemos cómo las distintas partes del propio vector $\pmb{\tau}$, encarnadas materialmente en los elementos de la matriz $\pmb{N}$ como valor —es decir, como tiempo de trabajo pretérito— de los medios de producción, se reincorporan al valor resultante de la producción actual.

    Con la extinción del componente de $\pmb{\tau}$ situado a la derecha, observamos cómo los tiempos de trabajo que en otro momento fueron trabajo presente en la elaboración de bienes en el pasado quedaron plasmados en dichos bienes, para reaparecer posteriormente en los bienes producidos en nuevos procesos productivos, donde aquellos funcionan como medios de producción.

    Condiciones de convergencia del sistema de ecuaciones

    Antes de analizar las condiciones de convergencia de la descomposición de la inversa de $\pmb{I-N}$ en una serie de potencias de $\pmb{N}$, presentaré la relación entre $\pmb{\tau}$ y $\pmb{t}$ de la forma más sencilla posible.

    Imaginemos una economía hipotética extremadamente simple en la que se produce un único bien —trigo— sin la ayuda de ningún medio de trabajo. Es decir, todo el proceso productivo se realiza manualmente.

    Este único bien cumple además la función de objeto de trabajo, ya que una parte de la producción se utiliza como semilla para la obtención de nuevas cosechas de trigo.

    Así, una fracción de la producción de trigo, que denotaremos por $n$, se destina a la producción del propio trigo como medio de producción.

    Si para producir un volumen dado de trigo se requieren $t$ horas de trabajo vivo, entonces el tiempo total de trabajo contenido en dicho volumen será:

    $\tau=t+n\tau$

    El primer término, $t$, representa el trabajo vivo empleado directamente en la producción, mientras que el segundo, $n\tau$, representa el trabajo ya contenido en la cantidad de trigo utilizada como semilla.

    Despejando la última ecuación:

    $\tau-n\tau=t$

    $(1-n)\tau=t$

    $\tau=\frac{t}{1-n}$

    La ecuación $\tau=t+n\tau$ puede desarrollarse como una serie infinita mediante sustituciones sucesivas de $\tau$ por la expresión $t+n\tau$. De este modo se obtiene:

    $\tau=t+nt+n^2t+n^3t+\cdots$

    Considerando ahora una unidad de volumen o peso hipotética de trigo que requiere una unidad de medida de tiempo $t=1$, es decir, normalizando $t$, reescribimos la ecuación:

    $\tau=\frac{1}{1-n}$

    Así podemos estudiar la relación entre una unidad de trabajo vivo que, aplicado al proceso de producción de trigo y condicionado por una estructura de producción dada, que en este caso de extrema simplificación degenera en $s= \frac{1}{1-n}$, resulta en una unidad de producto que contiene $ \tau$ unidades de tiempo cristalizados en ella en forma de su valor.

    Veamos entonces a $\tau$ como función de $n$. A continuación se presenta el gráfico de dicha función para todo el dominio real de $n$.

    En el eje de las abscisas $n$ es la porción de trigo que se destina a semilla y, por lo tanto, no puede ser, en principio, una cantidad negativa en el marco del presente análisis. Por lo tanto, nos interesa únicamente la porción del gráfico anterior correspondiente al rango en el que $n\geq 0$.

    Cuando $n=0$, estaríamos ante el caso límite en el que no interviene ningún medio de producción procedente de procesos productivos anteriores. En consecuencia, $\tau$ sería igual a la unidad, lo que significa que el valor del bien estaría constituido exclusivamente por trabajo presente.

    Esta situación puede asociarse a una sociedad recolectora que no desarrolla actividades de cultivo ni reproduce sus medios de producción, sino que obtiene directamente de la naturaleza los bienes que consume. Todo el trabajo contenido en el producto corresponde entonces al trabajo vivo empleado en la recolección, sin que exista transferencia alguna de trabajo procedente del pasado.

    Cuando nos encontramos ante una situación en la que una proporción creciente de la producción anterior debe ser reinvertida en la producción actual, se produce un incremento de $\tau$ por encima de $t$, lo que refleja una mayor incorporación de trabajo pretérito y, en consecuencia, un aumento del valor.

    En el límite, cuando la fracción de trigo destinada a semilla se aproxima a la unidad —es decir, cuando prácticamente toda la producción debe reintegrarse como medio de producción bajo las mismas condiciones de uso de la fuerza de trabajo—, el valor crece sin cota superior, tendiendo al infinito.

    En tales condiciones, el sistema económico pierde su consistencia interna, ya que no resulta racional asignar trabajo a un proceso que lo absorbe íntegramente sin generar una cantidad extraíble del bien, dado que toda la producción es reintegrada en el propio ciclo productivo.

    Si observamos el gráfico más allá de la asíntota en $n=1$, vemos que $\tau$ toma valores negativos, lo cual no representa un interés práctico inmediato.

    También puede observarse que, para $n\geq 1$, la serie infinita deja de converger y, por lo tanto, ya no constituye una representación válida de $\frac{1}{1-n}$.

    Así, el rango de interés quedaría limitado a $0 \leq n < 1$, tal como se muestra a continuación.

    Pasando al caso general de la relación $\pmb{\tau}=\pmb{t}+\pmb{N}\pmb{\tau}$, no presentaré una demostración de sus condiciones de convergencia, ya que excede el alcance del presente estudio.

    Me limitaré primero a exponer brevemente dichas condiciones para luego concluir con una interpretación económica. También me apoyaré en en una interpretación geométrica que espero ayude a visualizar el problema.

    Reformulo la relación de forma inversa a como se hizo ya más arriba para ahora observar que guarda total analogía con el caso escalar anteriormente mostrado:

    $(\pmb{I}-\pmb{N})\pmb{\tau}=\pmb{t}$

    $\pmb{\tau}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}\pmb{t}$

    La condición de invertibilidad de $\pmb{I}-\pmb{N}$ se expresa mediante el radio espectral de $\pmb{N}$:

    $\rho(\pmb{N})<1$

    Esta condición garantiza que la serie de potencias converge:

    $(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}=\sum_{k=0}^{\infty}\pmb{N}^k, \quad \text{si y solo si } \rho(\pmb{N})<1.$

    En el caso escalar tratado anteriormente, la matriz se reduce a un único valor $n$, y el radio espectral coincide con dicho valor:

    $\rho(\pmb{N})=n$

    La asíntota observada en $n=1$ es la manifestación del punto crítico en el que se viola la condición de convergencia.

    En el caso general, $ \rho(\pmb{N})=1$ puede interpretarse como el borde estructural del sistema económico, no únicamente como un punto de divergencia matemática, sino como una situación límite en la que el proceso de reproducción absorbe íntegramente el tiempo sin dejar posibilidad de extracción de bienes para el consumo directo de los individuos.

    En términos formales, esto se corresponde con la pérdida de invertibilidad de $\pmb{I}-\pmb{N}$, cuando $\rho(\pmb{N}) \geq 1$.

    Desde esta perspectiva, el caso $\rho(\pmb{N})<1$ representa un régimen en el que existe una porción de trabajo que puede ser considerada “extraíble”, en el sentido de que no es absorbida completamente por la reproducción del sistema, permitiendo la existencia de bienes, en primer lugar, en la cantidad necesaria para el consumo de los individuos y su supervivencia, y además, posiblemente, en cantidades adicionales que permiten un margen de acumulación que pueda ser extraído por otros individuos, ajenos al proceso de producción (enajenación de los bienes de sus productores). En cambio, cuando $\rho(\pmb{N}) \to 1$ ese margen se reduce progresivamente hasta desaparecer.

    Me permito reiterar la importancia de distinguir entre “cantidad extraíble” y “excedente”. La primera hace referencia a la porción de producto o trabajo que no es absorbida por el propio proceso de reproducción técnica, mientras que el excedente se reserva para aquellos bienes que superan las necesidades de reproducción del trabajador y constituyen la base de la acumulación de riqueza, ya sea apropiada por el propio trabajador o por terceros mediante mecanismos de extracción (es decir, la apropiación del producto del trabajo ajeno cuando dicha extracción no revierte en beneficio de los productores, cuestión que será objeto de un estudio aparte).

    En consecuencia, el borde $ \rho(\pmb{N})=1$ no debe interpretarse únicamente como una singularidad matemática, sino como el punto en el que desaparece la posibilidad estructural de una cantidad extraíble positiva: todo el producto se reintegra en el ciclo de producción, impidiendo la formación de bienes consumibles en procesos fuera del proceso de producción.

    Para finalizar, se ofrece una interpretación geométrica de la relación $\pmb{\tau}=(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1}\pmb{t}$ en términos del espectro de $\pmb{N}$.

    Sea $\pmb{N}\pmb{\alpha}_i=\lambda_i \pmb{\alpha}_i$ una descomposición en autovalores y autovectores. Entonces el vector $\pmb{t}$ puede expresarse como combinación lineal de estos modos: $\pmb{t}=\sum_i c_i \pmb{\alpha}_i$.

    Bajo la acción del operador inverso, cada componente proyectada sobre un autovector se amplifica según el factor $\frac{1}{1-\lambda_i}$, de modo que $\pmb{\tau}=\sum_i \frac{c_i}{1-\lambda_i}\pmb{\alpha}_i$.

    En esta descomposición, los autovalores cercanos a 1 actúan como direcciones críticas del sistema, ya que generan una amplificación desproporcionada del tiempo de trabajo contenido.

    En particular, cuando existe un autovalor dominante tal que $\lambda_i \to 1$, la proyección de $\pmb{t}$ sobre el autovector asociado provoca un desbordamiento de $\pmb{\tau}$, reflejando la pérdida de estabilidad del sistema económico interpretado como esquema de acumulación finita del trabajo en valor.

    Geométricamente, el sistema puede entenderse como una transformación que estira el espacio de bienes a lo largo de ciertas direcciones propias; el borde $ \rho(\pmb{N})=1$ corresponde al caso en que dicho estiramiento se vuelve no acotado en al menos una dirección, colapsando la noción de acumulación finita del trabajo en valor.


    1. Versión original en inglés: “Economic theory seeks to explain the material aspects and operations of our society in terms of interactions among such variables as supply and demand or wages and prices.” ↩︎
    2. Esta equivalencia se verifica de la siguiente manera:
      Multiplicamos ambos lados de la ecuación por $\pmb{I}-\pmb{N}$:
      $(\pmb{I}-\pmb{N})(\pmb{I}-\pmb{N})^{-1} = (\pmb{I}-\pmb{N})(\pmb{I}+\pmb{N}+\pmb{N}^2+\pmb{N}^3\cdots)$.
      En el lado izquierdo obtenemos la matriz identidad \pmb{I}.
      En el lado derecho, al distribuir, resulta:
      $\pmb{I}+\pmb{N}+\pmb{N}^2+\pmb{N}^3\cdots – \pmb{N}-\pmb{N}^2-\pmb{N}^3\cdots$,
      donde todo se cancela, quedando únicamente $\pmb{I}$. ↩︎
    3. Estrictamente hablando, hay que señalar que las variaciones temporales de los elementos de $\pmb{\tau}$ constituyen manifestaciones emergentes de los cambios en lo que podríamos denominar los factores elementales del sistema de producción, $n_{ij}t_j$, cuya relación con $ \pmb{\tau}$ se puso de manifiesto durante la exposición del primer método de aproximación a su valor. ↩︎

    Referencias

    Wassily Leontief, Input-Output Economics, 2.ª edición, Oxford University Press, New York/Oxford, 1986.

  • El poder de decisión sobre los bienes

    Los defensores de las corrientes de izquierda a menudo se aferran al concepto de propiedad privada, relacionándolo con las ideas de distribución desigual de la riqueza, de la injusticia social y la explotación de unos individuos por otros.

    Con ello pretenden dejar por sentado que, una vez erradicada la propiedad privada, con ello automáticamente desaparece la explotación y se establece la justicia social.

    Intento aquí apartarme de esta visión y establecer un enfoque más objetivo de la realidad.

    Para ello comenzamos por analizar qué proporciona la propiedad privada, es decir, qué significa que un individuo posea la propiedad sobre un bien determinado.

    En primer lugar, la propiedad fija un derecho del individuo sobre el bien, es decir, un acto jurídico previo adjudica al individuo el derecho de disponer del bien a su conveniencia.

    En fin, esto significa que el individuo posee poder de decisión sobre el bien.

    Esta capacidad del individuo de ejercer su poder de decisión sobre determinados bienes es la que objetivamente otorga al individuo su mayor o menor libertad de acción en el marco de una sociedad.
    Esta propiedad individual de poder de acción va a determinar el comportamiento del individuo dentro del conjunto de todos los individuos que forman la población de la sociedad. Va a establecer, al final, su posición social.

    Es la causa en última instancia de la desigualdad social.

    En una sociedad donde prevalece la propiedad privada, su concentración en las manos de una clase de individuos equivale a la concentración de poder de acción sobre los bienes en la misma clase, es decir, la propiedad privada sobre los bienes y el poder de acción sobre los mismos van de la mano.

    Es la propiedad privada, fijada por derecho, la que juega el papel rector en dicho poder de decisión individual.

    Pero no es el único factor.

    Otros muchos factores como pueden ser aquellos de índole cultural, política, legal, de posición de fuerza o autoridad, etc. influyen en el poder de acción del individuo.

    A pesar de ello, del papel rector de la propiedad privada se deriva la exagerada atención de las mencionadas corrientes sobre el concepto de propiedad privada. No es de extrañar según lo expuesto hasta aquí.

    Ahora bien, la ausencia de la propiedad privada como condición predominante en una sociedad diluye el papel rector de la misma sobre la capacidad de acción del individuo, pero el propio poder de decisión sobre los bienes no desaparece. Por el contrario, la experiencia práctica demuestra que este poder de decisión se concentra extraordinariamente en unos pocos individuos.

    No existe, sin embargo, ninguna garantía de que estos individuos utilicen este poder de acción en beneficio de toda la sociedad. De hecho, la experiencia práctica demuestra que estos individuos se erigen en una casta con capacidad de decisión prácticamente ilimitada y que ejercen en beneficio propio.

    Esto independientemente de la ausencia de un derecho de propiedad sobre los bienes fijado por ley.
    Es este poder de acción de esta casta la que en definitivas reafirma una y otra vez su posición social, puesto que ella con sus acciones, en la ejecución de las cuales tienen pleno poder, cimienta continuamente y perpetúa su poder.

    Una de los propósitos en que pone mucho esmero esta casta, utilizando para ello plenamente su poder de decisión, consiste en montar un estado de opinión favorable al estatus quo establecido.
    El poder de decisión se dirige también a favorecer con distintos beneficios a las diferentes capas sociales que se muestran más activas en la reafirmación de dichas “teorías de justicia”.

    Por el contrario, distintos métodos represivos derivados de dicho poder de decisión se suman para mantener neutralizados y sometidos a aquellos que de una forma u otra se oponen al status quo.
    Esto pretendió ser una breve incursión a este mecanismo de poder, desvinculado de la ausencia de propiedad privada, pero también de cualquier principio de justicia social, que es solo promulgado y mantenido por el mismo mecanismo con el propósito de enmascarar y proteger su verdadera posición de privilegio y la inherente desigualdad e injusticia social.

  • Distribución y posesión de bienes

    Distribución y posesión van de la mano, mas la primera tira de la segunda. Ambas se conjugan en acciones y efectos diferentes, aunque relacionados. Veamos.

    Distribución se refiere al proceso mediante el cual los bienes quedan sujetos al proceso de reparto entre los miembros de una sociedad (acción). También puede referirse al resultado de dicho proceso, es decir a una situación final de bienes distribuidos y en posesión de los individuos (efecto). Este proceso, e implícitamente sus resultados, está normalmente regulado por la ley. Pero esta fijación es superflua, es una garantía relativamente débil, puesto que forma parte del pensamiento, de la idea establecida sobre cómo han ser las cosas, de la superestructura social, una realidad de segundo orden –aunque no menos importante y decisiva en circunstancias específicas. La esencia radica en la objetividad del proceso, en su realidad material sujeta a ser corroborada.

    La posesión, por su parte, es el hecho de que el bien pueda ser utilizado por el individuo para satisfacer sus necesidades. La posesión, desde el punto de vista jurídico, es el derecho de disponer del bien. Desde el punto de vista práctico, es el propio hecho de disponer del bien (efecto), de tenerlo al alcance en espacio y tiempo –circunstancias ajenas al bien–, y en su forma adecuada –característica propia del bien–, para así llevar a cabo su consumición utilizándolo efectivamente con el fin para que fue concebido; realizar su legítima utilidad como bien con valor de uso. En medida menos amplia, por posesión puede entenderse el propio proceso de consumo del bien (acción).

    Para simplificar, aglutino aquí ambos conceptos de distribución y posesión de los bienes en uno: apropiación.

    Parece poder establecerse que han existido a lo largo de la historia tres formas de apropiación: violencia, intercambio y compartición (gracias a la RAE por la reciente aceptación de la definición «acción y efecto de compartir»).

    A continuación presento un breve intento de concatenar estas formas de apropiación en su desarrollo histórico.

    La apropiación por medio de la violencia es cuando el propietario inicial del bien es despojado de éste con el uso de la fuerza. Esto es condicionado por la disparidad de fuerzas, estando el expropiador en situación ventajosa.

    Nuestra historia es dolorosa y la violencia ha sido por mucho la predominante hasta nuestros siglos. Dos motivos fueron sus limitantes. Uno es la sostenibilidad del método: si una agrupación de individuos aniquila por completo a otra agrupación para apropiarse de sus bienes, puede hacerlo soló una vez. También, si se apropia de la totalidad de sus bienes probablemente el expropiado desaparezca y ya no habrá a quien expoliar violentamente de nuevo. Esta limitación es poco amiga del progreso puesto que asimilada la lección con la astucia del expropiador, sumado a la aceptación, voluntaria o no, del expropiado, pueden establecerse relaciones de equilibrio que perduran en el tiempo. La segunda limitación es definitivamente la revolucionaria: aparece cuando el otrora perdedor se vuelve tan fuerte como el ganador. Alcanzado un nivel de igualdad con posibilidades de vencer –y de perecer– es más ventajoso entrar en otra forma de apropiación: el intercambio.

    En la forma de apropiación por medio del intercambio interactúan dos partes y cada una de ellas se apropia de un bien que inicialmente no posee a cambio de la entrega voluntaria a su contraparte de otro bien del cual es propietario.

    Aunque infinitamente más justa, esta forma de apropiación es menos «suculenta». Tiene que haber un motivo para realizar el intercambio de bienes, algo que los haga diferentes. Lo que los hace iguales ya es lo que hace posible el intercambio, dada la igualdad en fortaleza de las partes. Esta oposición de los bienes a intercambiar viene dada por sus distintas formas de uso, por el valor de uso de los bienes. La oposición de estas cualidades, junto a la equiparación de otra –la igualdad de sus valores– es lo que hace posible el intercambio. La propagación de esta forma de apropiación es la primera gran impulsora del desarrollo de valores éticos y morales sobre la igualdad y la justicia. Aunque llena de vicios e imperfecciones, preñada de cadenas que la atan y arrastran constantemente hacia el pasado, su aparición es una base material real de relaciones sociales más justas. Un entendimiento y reconocimiento de ello a gran escala también deviene en realidad social que se autoalimenta y desarrolla. Pero sólo en base a una idea, por grande y justa que parezca, ningún desarrollo es sostenible. La aposición de valores de uso es una contradicción demasiado débil que conlleva a un desarrollo material lento. La persistente violencia es una contradicción más poderosa que siempre busca nuevas formas de existencia. El aprovechamiento en beneficio propio de la ignorancia ajena es una forma de violencia pues constituye una actuación desde posiciones ventajosas. Muchos ejemplos de intercambio injusto debido a la ignorancia de una de las partes se dan cuando se enfrentan civilizaciones en diferentes etapas de desarrollo. Sin poder afirmar que estas historias que una vez me contaron son reales, son ilustrativas las que cuentan sobre el indígena que «voluntariamente» intercambia el oro (para él de escaso valor, pero de mucho valor para la contraparte) por el espejo del colonizador (con inversas nociones de valor para las partes). El modo de producción capitalista generaliza una forma de intercambio de apariencia justa, puesto que el proletario «voluntariamente» intercambia su fuerza de trabajo por el salario que le ofrece el representante de la clase capitalista. Este intercambio, injusto en el fondo como lo demostró Marx, ha sido al mismo tiempo pujante contradicción que ha dado un impulso sin precedentes al desarrollo de las fuerzas productivas. Este componente violento de la apropiación característico casi universalmente a la sociedad moderna parece ser el precio que tenemos que pagar por el desarrollo de que somos testigos. No me atrevo a enumerar que otros precios se han de seguir pagando ni cómo ni cuando estos anularán las ventajas que proporciona el modo actual imperante de producción. El devenir histórico lo dirá, si se sigue escribiendo la historia. Quizá juegue un papel más relevante esa incipiente realidad moral y ética de necesidad de conjugar satisfactoriamente el bienestar común e individual. Llega el momento, ante la falta de argumentos, de aferrarse al optimismo, como si de una fe religiosa se tratara, y de confiar en la implantación (o bien por fuerzas de índole material por descubrir, o bien por buena fe humana, o por ambas) de la forma más civilizada de apropiación: la compartición.

    La forma de apropiación de los bienes por compartición ocurre cuando los individuos comparten de origen la propiedad sobre los bienes y ningún otro proceso media en el consumo directo de los bienes.

    Limito el desarrollo sobre esta última y suprema forma de apropiación a algunos ejemplos. El clásico es el de la comunidad primitiva que posee y consume en común los escasos bienes de que dispone. Luego tenemos la propiedad común sobre muchos bienes en el seno de un hogar familiar. Las calles y parques, las playas y muchos espacios naturales también en la práctica son de uso libre (dentro de normas generalmente establecidas con válido criterio para su protección y la protección de otros usuarios). A veces se plantea que para la implantación de esta forma de apropiación es necesario alcanzar niveles de abundancia que permitan a cada cual disponer «a su antojo» de todo bien que necesite (por simple deseo o por imperiosa necesidad). Esto es realmente imposible debido a la limitación objetiva de recursos en el medio. Una universalización de este método, si es posible, tendría que estar basada en estrictos criterios de uso racional, por un lado, y de comprensión de dicha necesidad, por otro, acompañada de conciencia de justicia. Una utopía dirán muchos. Yo me limito a decir que está por verse.

  • Esfuerzo (y otros factores de la creación de valor)

    De la unión del esfuerzo y el tiempo nace el valor. El primero representa un principio activo, el segundo uno pasivo.

    El tiempo es uniforme en su discurrir –un minuto de ahora es exactamente igual a un minuto dentro de una hora– y puede medirse con precisión suficiente para los intereses de la ciencia y práctica económicas. Estas características lo hacen ideal como patrón de referencia del valor de los bienes.

    Sin embargo, sin el esfuerzo el tiempo no llega a ser valor, no queda realizado en bienes. En el proceso de creación de bienes ambos entran en un nexo indisoluble.

    En contraposición al tiempo, el esfuerzo en su manifestación en el proceso de creación de bienes se presenta muy diverso, individualizado en sus rasgos creativos para cada uno de los diversos bienes en cuya elaboración participa. Esta diversidad es la que hace posible la diversidad de valores de uso engendrada en los bienes. Al mismo tiempo contribuye a la asimilación del esfuerzo como algo disgregado en sus manifestaciones particulares y por lo tanto difícilmente sujeto a medición. Como en este proceso el esfuerzo va siempre acompañado del tiempo, y este último es homogéneo y fácilmente medible, se ha incurrido en la tentación de considerarlos la misma cosa y simplificar la medida del valor a la medida del tiempo como patrón. Esto seria correcto si el esfuerzo fuera igual de homogéneo como el tiempo.

    Hay entre las diversas cualidades de las distintas formas de esfuerzo una que si presenta esta característica de homogeneidad y, además, está presente en todo tipo de esfuerzo. Se trata del gasto energético por unidad de tiempo. Dos formas de esfuerzo realizados en actividades encaminadas a crear distintos tipos de bienes, generalmente requerirán distintas cantidades de gasto de energía en la unidad de tiempo. En igualdad de cantidades de tiempo gastado, estaríamos ante un desigual esfuerzo desde el punto de vista energético, ante distintos valores si estos bienes se enfrentaran en un acto de intercambio.

    Así vemos que el esfuerzo, expresado en gasto energético de los individuos, también es medida de valor de los bienes. Como el gasto energético se expresa en unidad de tiempo, sigue siendo justificado utilizar el tiempo como medida de valor utilizando para ello correctores derivados de las distintas magnitudes de gasto energético. Es equivalente a una dilatación o contracción del tiempo en función de dichos correctores.

    En nuestro estudio hasta ahora no se tuvo en cuenta este aspecto y podemos considerar, al hablar de valor y su representación en tiempo equivalente, que estas magnitudes de tiempo han sido ya corregidas teniendo en cuenta lo anterior. Esto no trae consigo graves errores de principio siempre que no estudiemos los balances entre distintos tipos de bienes. La corrección se plantea tarea futura.

    Hay otros factores que parece necesario considerar como contribuyentes al valor creado con (en) los bienes.

    Además del tiempo dedicado, con su correspondiente esfuerzo y gasto energético correspondiente, la realización de una actividad productiva representa ciertos riesgos para la salud, la integridad e incluso la vida de los trabajadores. En igualdad de los dos primeros factores, las distintos riesgos inherentes a dicha actividad transfieren magnitudes diferentes de valor. Parece ser necesario también tener en cuenta este factor como variable independiente, aunque en la actualidad no se hayan consolidado procedimientos generalmente aceptados de valoración cuantitativa del riesgo.

    Otro factor que podría considerarse de cierta influencia, siempre que este no pueda reducirse a los anteriores, es el confort del trabajador durante la realización de una actividad productiva. Un grado de incomodidad inherente a la actividad en las condiciones promedio de la producción de cierto bien tiene rasgos a favor de considerarse influyente en el valor de los bienes. La nocturnidad, si es necesaria en condiciones normales de producción (por ejemplo la pesca de la lamprea) puede considerarse un factor que afecta el confort de la actividad.

    Hay que tener en cuenta que el valor de un bien viene dado por las condiciones promedio de producción. Cualquiera de los factores mencionados han de considerarse en sus medidas ponderadas entre multitud de procesos similares. No es tampoco una posición definitiva, pero si la determinante en principio.

  • Tiempo

    La noción del tiempo es uno de los más extraordinarios alcances del conocimiento humano. Quizás también uno a los que con más cautela nos aproximamos. La conciencia de su finitud puede ser tan aterradora que solemos vivir evitando pensar en ello, asumiéndolo inconscientemente infinito.

    Creo que la plenitud de la felicidad comienza por afrontar valientemente esta realidad ineludible y se realiza definitivamente en la gestión satisfactoria del tiempo que nos regala la vida.

    Puede decirse que toda la vida de una persona se resume a cómo queda relleno este tiempo con que cuenta. De ahí deducimos que es el bien más preciado del individuo.

    En gran medida es un bien trivial. No se requiere ningún esfuerzo para crear el tiempo con que contamos. Viene dado por la naturaleza.

    Ininterrumpida e irreversiblemente se extiende del pasado al futuro a través del presente, como telón de fondo del escenario en que transcurren nuestras vidas.

    Contar con el tiempo es necesario para realizar cualquier actividad. Pero no es suficiente. Ha de concurrir, además, la voluntad para la acción y su realización final, materializada en el propio esfuerzo. Aunque difícil de cuantificar, parece que la voluntad es requerida en diferentes magnitudes, muy dependientes de las formas de consumo de tiempo que expongo a continuación.

    El tiempo se gasta básicamente en tres formas.

    La primera es meramente existencial. Es cuando se deja pasar el tiempo sin realizar ninguna actividad, una condición de vida plana, sin preocupaciones de ningún tipo. En este caso apenas se requiere la voluntad, puesto que no conlleva a la realización de ningún esfuerzo considerable. Una analogía mecánica es un estado de equilibrio indiferente, como una esfera en un plano horizontal.

    La segunda consiste en el ocio activo. Normalmente va acompañada del consumo de bienes que crean las condiciones necesarias para el desarrollo de las actividades de dicho estado ocioso. Se requiere cierto esfuerzo (concurrencia de voluntad) para desarrollar el proceso de consumo de dichos bienes. La analogía mecánica sería la esfera que rueda cuesta abajo y necesita energía externa para moverse.

    La tercera forma de consumo del tiempo se manifiesta cuando realizamos un esfuerzo dirigido a crear bienes. Es para ello que mayor acopio de voluntad se requiere. Siguiendo la analogía mecánica, ahora la esfera se hace rodar cuesta arriba y para ello necesitamos transmitirle nuestra energía.

    Esto son formas abstractas que rara vez se manifiestan puramente. Lo habitual es encontrarlas en multitud de combinaciones.

    Cada combinación requerirá un determinado grado de voluntad, proporcional al esfuerzo demandado.

    En dependencia de las circunstancias históricas, la voluntad expresa del individuo dirigida a realizar una determinada actividad es, o bien el resultado de una coacción externa, sea de ello conciente el individuo o no, o bien el resultado de un acto conciente del individuo, resultante de la asimilación por éste de una necesidad vital.

    La realización de una voluntad naciente de una conciencia de necesidad, enmarcada a su vez en la conciencia de la finitud de nuestro tiempo, puede ser el camino hacia una volátil, pero auténtica felicidad.

    El reconocimiento de la necesidad de invertir nuestro tiempo y esfuerzo en la creación de bienes ineludiblemente requeridos para la satisfacción de nuestras necesidades, dentro del conjunto de las necesidades de la sociedad, son el camino para superar el tedio del trabajo.

  • Trivialidad de los bienes

    Uno más que otro, todo concepto nos enfrenta al problema de la delimitación de la esencia que abarca. La trivialidad de los bienes en la propuesta de uso de la que aquí me valgo no nos libra de esto.

    Algunos ejemplos son la mejor forma de ilustrar esta problemática.

    Trivial no significa de poca utilidad. Por el contrario, algunas cosas triviales desde el punto de vista de la economía son esenciales para la vida. Sin el aire, por ejemplo, no es posible la existencia humana. La atmósfera terrestre proporciona este compuesto en las cantidades y proporciones adecuadas. Dejando a un lado las preocupaciones cada vez mayores propias de la actualidad, en que la humanidad inflige mediante su actividad una huella cada vez mas importante a su entorno, incluida aquella que va dejando en la calidad del aire que respiramos, no es la creación del aire (o su regeneración) un propósito inmediato de la economía. Sin embargo, en determinadas condiciones surge la necesidad de generación de este medio de vida, o mas bien de garantizar su presencia por medio del almacenamiento. Esto, para poder respirar en un habitat extraño a los humanos: un medio acuoso, el espacio exterior, o en un local en que, por alguna razón, la atmósfera ha quedado enrarecida, ya sea debido al desplazamiento del aire respirable por un gas más pesado, o por haber sido consumido por un incendio, o simplemente por la presencia de sustancias tóxicas que hacen dicha atmósfera incompatible con la vida. En estos casos la utilidad del aire no es trivial precisamente por su ausencia en cantidades abundantes y con las cualidades apropiadas. El propio aire de inicio, material para el almacenamiento, sigue siendo un bien trivial del que se dispone libremente, adquiriendo valor el aire almacenado, que se nos presenta en una unidad que es más que el propio aire comprimido, incluyendo los medios de su almacenaje, como un balón de respiración artificial. El aire con que este último se llena no nos cuesta nada. Nos cuesta el proceso de almacenarlo.

    Es difícil sobrevalorar la importancia de la luz solar para la vida en la tierra. Ella es la responsable de múltiples procesos que transcurren sin ninguna intervención de los humanos. Similar al aire, la luz solar se encuentra a libre disposición, si se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, cuando se pretende utilizarla directamente, como para la generación de energía eléctrica en celdas fotovoltaicas. Una característica significativa de la luz solar es que su abundancia está sujeta a oscilaciones periódicas, lo que generó una de las primeras necesidades de innovación del los humanos, precisamente la de dominar el fuego en su beneficio, supliendo con ello la falta de luz solar para la iluminación y la proporción de calor. La luz y el calor de la hoguera ya no son un bien que pueda considerarse trivial, puesto que no se toma libremente de la naturaleza, cuesta un esfuerzo obtenerlo.

    El aire, debido a su corporeidad gaseosa, tiende a ocupar todo el espacio en que transcurre generalmente la actividad humana. La luz del sol, aunque intermitentemente, también nos llega a todo lugar expuesto al astro rey, directamente o por reflexión en los objetos, y con ello prácticamente se propaga también a casi todo el habitat humano. La presencia universal del agua en la tierra , debido a su estado no gaseoso, (excepto en su forma temporal de vapor) no es tan acuciada. De hecho, acercarse a ella de una forma más permanente y estable fue quizá la siguiente gran necesidad de los humanos. Generalmente, una vez alcanzada, el agua es abundante. El agua se toma de las orillas de un río libremente, siempre y cuando éste sea lo suficientemente caudaloso. Un pozo para alcanzar el agua del manto acuífero no es un bien trivial, puesto que es necesario construirlo y ello conlleva a esfuerzo, pero el agua subterránea sí lo es, puesto que es relativamente abundante y no es creada por ningún esfuerzo humano. Hasta ahora me refería al agua potable, puesto que es en este estado en que es directamente consumible por los humanos. De la trivialidad del agua de mar caben pocas dudas, y no deja de ser fundamental para todo el ciclo de vida en el planeta. Cuando de ella se extrae agua potable no se crea agua en si, sino que se purifica, librándola del exceso de sales. Esto requiere un esfuerzo, con lo que el agua así obtenida ya no es un bien trivial, tampoco es abundante. Si lo fuera no tendría sentido extraerla. Se suele hacer en condiciones en que no abunda el agua potable, en zonas áridas cercanas al mar, o en los buques. En general, el agua es un bien abundante en la naturaleza. Crearlo artificialmente significaría un gran reto para la vida. El agua en abundantes cantidades es condición imprescindible para el origen de la vida.

    Casi sin notarlo se han enumerado tres de los cuatro elementos de la naturaleza que se asocian desde tiempos ancestrales con la esencia de la vida: aire, fuego (luz) y agua. Faltaría prestar debida atencion al cuarto, la tierra. Es ante todo superficie de apoyo, la necesaria plataforma donde se desarrolla todo el quehacer humano. Su trivialidad, en principio más que evidente, es rápidamente cuestionada por el hecho de que la tierra alberga todas las demás condiciones de la vida. Éstas últimas se presentan adheridas a la tierra no homogéneamente, variando de lugar en lugar. Esta disimilitud de condiciones es sin duda la causa primaria de las luchas por el dominio territorial que se extiende hasta nuestros días. La fertilidad del suelo, un bien en principio trivial aprovechado en la agricultura, quizá sea una de las primeras bondades de la naturaleza que la humanidad aprendió a percibir extinguible, y por lo tanto exigente de un reacondicionamiento, o bien por suspensión temporal de la acción humana para dejar a la tierra recuperarse por sí sola (rotación de los cultivos), o directamente mediante el esfuerzo directo (abono). Éste último esfuerzo de recuperación es sin duda creación de valor, que queda así adherido a la tierra y no es un bien trivial.