06 El tiempo de trabajo como principal recurso escaso
Se planteó anteriormente que, debido a su especificidad, la fuerza de trabajo o mano de obra y su expresión cuantitativa en tiempo de trabajo humano, no se incluía en el conjunto de bienes.
Cuando se estudiaron las relaciones de tiempo entre los bienes, el tiempo de trabajo se veía como una sustancia contenida en cada uno de los bienes y se establecían sus cantidades, que se denominan valor, o valor-trabajo.
El estudio de las relaciones de cantidad entre los bienes obliga, al menos temporalmente, a considerar el tiempo de trabajo humano como un recurso más que participa en el proceso de creación de bienes.
Esta fuerza productiva va siempre ligada a su portador – el individuo, y se realiza bajo su voluntad, materializándose en bienes creados, en valor. Esta peculiaridad de realizarse bajo la voluntad del individuo diferencia radicalmente este «bien» del resto de bienes, que no cuentan con voluntad propia. Los medios de producción no se ponen en movimiento para producir otros bienes por voluntad propia. Son los individuos los que ejercen su voluntad sobre ellos para extraer de ellos su valor, añadiendo a voluntad en el mismo proceso su propio valor como fuerza de trabajo.
En el estudio de las relaciones de cantidad entre el resto de bienes realizado hasta ahora, en su forma más abstracta –en el marco de un sistema de reproducción simple–, los volúmenes de producción de cada uno de los bienes y los volúmenes de consumo de los mismos se consideraban iguales, con la correspondiente repercusión de que no se acumulan los bienes de un proceso a otro, y por ende no se expande la economía.
Esta igualdad también se asumió para la fuerza de trabajo al considerar la cantidad de mano de obra disponible () igual a la cantidad de mano de obra consumida, empleada de una manera efectiva en los procesos de producción de bienes (
). Lo anterior significa que no hay disponibilidad de mano de obra para otras actividades productivas que las necesarias para producir los bienes en su cantidad justa para mantener el sistema en equilibrio (la que se consume en forma de
), y por ende no hay posibilidad, en cuanto a la fuerza de trabajo también, de reproducción ampliada y, igual que para el resto de bienes, la fuerza de trabajo representada en
se mantiene constante, no crece la población del sistema.
Luego, el resto de bienes se dividía en medios de producción y bienes de consumo. Al establecer los volúmenes de los medios de producción se notaba que éstos, en el marco del mismo sistema de reproducción simple, eran consumidos en su totalidad dentro del mismo proceso de producción, transfiriendo su valor a los nuevos bienes creados con su intervención. Los medios de producción así, si son utilizados de una manera efectiva, no entrañan la pérdida de su valor y el valor total de los bienes económicos de todo el sistema no se ve mermado con su uso y desgaste.
Los bienes destinados al consumo, por otro lado, pasan a una nueva esfera económica, precisamente a la esfera del consumo, totalmente distinta de la esfera de producción. A diferencia de los medios de producción, los bienes de consumo sí pierden su valor con el uso, que queda destruido definitivamente y, de no restablecerse a los mismos ritmos que a los ritmos de consumo, conlleva a la merma del valor total de los bienes del sistema económico.
Aquí entra en juego la fuerza de trabajo asociada a los individuos. Los miembros de la sociedad son precisamente los que con el consumo de los bienes de consumo destruyen su valor. De una manera muy abstracta podría decirse que el valor de los bienes de consumo se transfiere a los individuos como si aquellos fueran medios de producción para crear fuerza de trabajo asociada a los individuos consumidores y productores a su vez, es decir para crear este peculiar medio de producción que es la fuerza de trabajo o mano de obra de la población, cerrando así los ciclos de producción y consumo en un solo ciclo económico. Por tanto, va a depender de cómo los individuos, ejerciendo directamente su voluntad en los procesos productivos, realizan su función como fuerza de trabajo para que el sistema económico funcione de una manera sostenible. Como quiera que sea, es evidente que los bienes se diluyen en el consumo humano, desaparecen desde el punto de vista económico, pierden su valor en este proceso, pero de una forma u otra, este consumo es la base del sustento del ser humano en todas sus manifestaciones, y son las que garantizan en fin de cuentas que el individuo mantenga su capacidad productiva; estos valores perdidos en el consumo no desaparecen en vano, sino que condicionan que las fuerzas productivas emerjan de nuevo listas para incorporarse a los procesos de producción para crear nuevos bienes en lugar de los consumidos y así restablecer el valor de aquellos que lo perdieron al desaparecer con su consumo.
Lo anterior podría ser una de las bases de un análisis más profundo que se planifica sustentar con nuevas bases durante el próximo desarrollo del estudio.
Ahora paso a considerar en el modelo matemático la fuerza de trabajo como un bien más, con sus características correspondientes. Para definitivamente diferenciarlo del resto de bienes le asigno el índice . Este recurso tiene la peculiaridad de que forma parte de todos los procesos de creación de bienes; su presencia es necesaria para crear cualquier bien.
El volumen de producción de este peculiar bien, si cabe hablar de ello, depende de muchos factores, no sólo de índole económica, aunque sean precisamente los factores económicos los que juegan un papel fundamental. Por mucho esfuerzo de abstracción que se realice intentado encajarlo en conceptos económicos, su característica de poseer voluntad propia significa un reto para toda consideración desde el punto de vista de la economía. Es precisamente esta característica la que da en última instancia un componente humano a la economía como ciencia. ¿Y de qué valdría la economía sin este componente? El individuo, las personas tienen que constituir, y constituyen, la variable principal de toda ciencia social.
No obstante lo anterior, bajo el dictado de las necesidades de abstracción para realizar el estudio, en lo que sigue se introduce el volumen de producción del bien peculiar fuerza de trabajo o mano de obra, expresada en la capacidad de un individuo de dirigir su acción de la forma adecuada en tanto participa en los procesos de producción de bienes.
Los volúmenes de producción de los demás bienes se analizaron desde dos perspectivas. La primera, desde la perspectiva de sus unidades de medidas, distintas para cada bien. Por su naturaleza estas magnitudes, dentro del estudio de relaciones de cantidad entre los bienes, brindan limitadas posibilidades de análisis debido a que no se pueden ver como cantidades homogéneas que se puedan sumar para distintos bienes, e incluso difícilmente divisibles en algunos casos, aún tratándose del mismo bien. La segunda perspectiva los expresaba en valor-trabajo, en horas de trabajo contenidas en dichos volúmenes, abriendo esta homogenización amplias perspectivas de análisis.
De la misma manera los volúmenes de la fuerza de trabajo se ven a continuación desde dos perspectivas. La primera desde la cantidad de individuos trabajadores y la segunda desde la cantidad de horas que estos pueden aportar a la producción de bienes.